¿Qué puedo saber?
La primera gran pregunta de Kant, y la que dividió a la filosofía de su época. Su respuesta es la «Crítica de la razón pura», el libro que parte la historia de la filosofía en un antes y un después.
¿De dónde procede nuestro conocimiento y hasta dónde llega? En torno a esta pregunta central de la epistemología se enfrentaban en el siglo XVIII dos bandos. Los racionalistas, en la tradición de Descartes y Leibniz, confiaban en la razón: el conocimiento seguro se alcanza por inferencia lógica a partir de conceptos claros, siguiendo el modelo de las matemáticas. Los empiristas, en torno a Locke, Berkeley y Hume, objetaban: todo conocimiento procede de la experiencia, y lo que no entra por los sentidos es especulación vacía.
Fue David Hume quien asestó el golpe decisivo a ambos bandos. Mostró que ninguna cantidad de experiencia puede probar jamás que un efecto tenga que seguir a su causa: solo observamos que unos sucesos siguen a otros, nunca la necesidad misma. La objeción golpeó a Kant en lo más hondo. El recuerdo de Hume, escribió más tarde en los «Prolegómenos» (1783, Ak. 4:260), fue lo que «me interrumpió por primera vez el sueño dogmático» y dio a sus investigaciones «una dirección completamente distinta». Trabajó en su respuesta durante más de una década; en 1781 apareció la «Crítica de la razón pura» en la editorial de Johann Friedrich Hartknoch, y en 1787 le siguió la segunda edición, profundamente revisada.
Fuentes: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason · Wikipedia (en inglés): Epistemology · Kant, Prolegomena (1783), Ak. 4:260 (citas en traducción propia)
El giro copernicano
En el prólogo a la segunda edición, Kant compara su planteamiento con el de Copérnico, que dejó de hacer girar los astros alrededor del espectador y puso en movimiento al propio espectador.
Planetario copernicano
Mueve la palanca y observa los dos supuestos.
El conocimiento se rige por los objetos.
Como antes de Copérnico: todo el ejército de estrellas gira alrededor del espectador, que está quieto.
Aplicado al conocer: solo recibimos lo que las cosas nos muestran. Entonces sigue siendo un misterio cómo podríamos saber algo de ellas antes de experimentarlas.
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«Intentemos, pues, por una vez, si no adelantamos más en las tareas de la metafísica suponiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento»
Crítica de la razón pura, prólogo B XVI (Ak. 3:12), traducción propia
Kant habla expresamente de un intento: pone a prueba la inversión como una hipótesis, igual que hizo Copérnico con el cielo.
A Bertrand Russell la comparación le parecía engañosa: Copérnico había sacado al ser humano del centro del mundo y Kant lo volvía a poner allí. Lo llamó una «contrarrevolución ptolemaica» (en el original, «Ptolemaic counter-revolution»).
Bertrand Russell, Human Knowledge (1948), introducción; traducción propia
¿Y la cosa en sí? Si todo lo que se nos aparece se rige por nuestras formas, queda una pregunta: ¿qué son las cosas con independencia de ello, en sí mismas?
La respuesta de Kant: Podemos pensarlas, pero no conocerlas. Kant insiste en «que esos mismos objetos tenemos que poder al menos pensarlos también como cosas en sí mismas, aunque no podamos conocerlos» (B XXVI, Ak. 3:17, traducción propia).
Para curiosos
Ya Friedrich Heinrich Jacobi, contemporáneo de Kant, encontró aquí una pega. Más o menos: sin la cosa en sí no se puede entrar en el sistema de Kant, y con ella no se puede permanecer dentro. Porque ¿cómo puede algo que no conocemos afectar a nuestros sentidos, si la «causa» solo vale para los fenómenos?
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:12 (en alemán) · Ak. 3:17 · Wikipedia: Crítica de la razón pura · Russell, Human Knowledge (1948), introducción (archive.org, en inglés) · Wikipedia: Cosa en sí · Wikipedia (en alemán): Kopernikanische Wende
- 1El modelo anterior: el conocimiento se rige por los objetos
La mente se consideraba un espejo pasivo de un mundo ya acabado. Pero bajo este supuesto, diagnostica Kant, todos los intentos de establecer algo sobre los objetos a priori, antes de toda experiencia, habían fracasado. La metafísica llevaba siglos sin avanzar.
- 2La inversión de Kant: los objetos se rigen por nuestro conocimiento
Kant invierte la relación, a modo de ensayo, como Copérnico. La mente no es un espejo, sino un arquitecto: el espacio, el tiempo y las categorías del entendimiento son formas que nosotros aportamos a todo lo que encontramos. La experiencia está siempre ya moldeada por ellas.
- 3La consecuencia: conocimiento seguro, pero solo de fenómenos
Las condiciones de nuestro conocimiento son a la vez las condiciones de los objetos del conocimiento. Por eso es posible un conocimiento a priori estricto, por ejemplo en matemáticas y en física; pero solo vale para el mundo tal como se nos aparece, nunca para las cosas tal como son en sí mismas.
NotaUn intento en sentido contrario
… que supongamos que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento …
Referencia: Crítica de la razón pura, prólogo a la 2.ª edición (B XVI), Ak. 3:12 · Leer el original
Kant lo formula como un intento, no como una afirmación, y en la misma página lo compara con Copérnico, que hizo girar al espectador en lugar del cielo estrellado.
Traducción: Traducción propia del original alemán.
Nueva en tu cuaderno · Ver la colección
Fuente: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason (prólogo B, giro copernicano)
Cuatro maneras de juzgar
Antes de poder plantear su pregunta rectora, Kant clasifica el propio saber con dos distinciones que se cruzan.
- Analítico
- El predicado ya está contenido en el concepto del sujeto: el juicio solo despliega lo que ya se pensaba. El ejemplo de Kant: «Todos los cuerpos son extensos». Estos juicios son siempre verdaderos, pero no nos enseñan nada nuevo.
- Sintético
- El predicado añade al concepto algo que no estaba contenido en él: el juicio amplía nuestro conocimiento. «Todos los cuerpos son pesados» une dos ideas que no están incluidas la una en la otra.
- A priori
- Válido con independencia de toda experiencia; se reconoce por la necesidad y la universalidad estricta: no cabe ninguna excepción.
- A posteriori
- Extraído de la experiencia: útil, pero nunca necesario; la próxima observación podría resultar distinta.
Lo interesante está en el cruce de ambos pares. Los juicios analíticos a priori son triviales; los sintéticos a posteriori, cosa de todos los días. Pero ¿existen juicios sintéticos a priori, enunciados que amplían nuestro conocimiento y valen necesariamente? Kant dice que sí, y en pleno corazón de las matemáticas. En «7 + 5 = 12», ningún análisis del siete, del cinco o del concepto de suma dará jamás el doce; y, sin embargo, la proposición no admite excepción alguna.
NotaSiete más cinco
La proposición aritmética es, pues, siempre sintética …
Referencia: Crítica de la razón pura (B 16), Ak. 3:37 · Leer el original
En el concepto «suma de 7 y 5» todavía no está el doce, dice Kant: hay que formarlo antes, por ejemplo con los dedos. Por eso considera la aritmética sintética y, aun así, a priori.
Traducción: Traducción propia del original alemán.
Nueva en tu cuaderno · Ver la colección
Fuente: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason (distinción analítico-sintético, 7 + 5 = 12)
Pruébalo: el laboratorio de juicios
¿Analítico o sintético? ¿A priori o a posteriori? La mejor manera de entender las distinciones de Kant es clasificar tú mismo.
Examina primero cada juicio de ejemplo con dos lupas y colócalo después en la categoría en la que lo situaría Kant. Tras cada respuesta obtienes la solución con una explicación. Al final te espera el ejemplo más famoso de Kant.
Laboratorio de juicios
Frase 1 de 6
«Todos los cuerpos son extensos.»
Examina la frase con las dos lupas. Se ilumina la casilla a la que apuntan. También puedes tocar una casilla directamente.
Combate final: 7 + 5 = 12
El ejemplo más famoso de Kant. Hasta él lo admite:
«Al principio se podría pensar que la proposición 7 + 5 = 12 es una proposición meramente analítica»
B 15 (Ak. 3:37), traducción propia
Añade a los siete puntos tus cinco dedos, uno a uno.
7 + 0 = 7
Ronda 3: ¿Dónde va, entonces, la frase?
Vencida.
«La proposición aritmética es, pues, siempre sintética»
B 16 (Ak. 3:37), traducción propia
Para curiosos: ¿es 7 + 5 = 12 realmente sintético?
En «Los fundamentos de la aritmética» (1884), Gottlob Frege quiso mostrar que la aritmética puede reducirse a la lógica; entonces las verdades aritméticas de Kant serían analíticas y no sintéticas (logicismo). El sistema de Frege tropezó en 1902 con la paradoja de Russell. Si la aritmética es sintética a priori se sigue discutiendo hoy.
Fuentes: Wikipedia: Gottlob Frege · Wikipedia: Logicismo · Wikipedia (en inglés): Logicism
Este instrumento necesita JavaScript. Aquí tienes la solución para leer:
- «Todos los cuerpos son extensos.» – analítico a priori. Ejemplo del propio Kant: el predicado «extenso» ya está contenido en el concepto de cuerpo; el juicio solo analiza el concepto (analítico) y no necesita experiencia (a priori). (Crítica de la razón pura, Introducción)
- «7 + 5 = 12» – sintético a priori. El ejemplo más famoso de Kant: «12» no está contenido en el concepto de «7 + 5»; el juicio amplía nuestro conocimiento (sintético) y, sin embargo, vale necesariamente y con independencia de la experiencia (a priori). (Crítica de la razón pura, Introducción)
- «Todos los cuerpos son pesados.» – sintético a posteriori. También de Kant: la «pesadez» no forma parte del concepto de cuerpo (sintético), y solo lo sabemos por experiencia (a posteriori). (Crítica de la razón pura, Introducción)
- «La línea recta es la conexión más corta entre dos puntos.» – sintético a priori. El ejemplo geométrico de Kant: «más corta» es un concepto de magnitud que no está contenido en el concepto de recta; sintético y, sin embargo, necesariamente verdadero: a priori. (Crítica de la razón pura, Introducción)
- «Todos los solteros son hombres no casados.» – analítico a priori. El caso clásico de manual de un juicio analítico a priori: «no casado» forma parte de la definición de «soltero». (cf. Crítica de la razón pura)
- «Esta rosa es roja.» – sintético a posteriori. Un juicio de percepción: amplía el concepto (sintético) y se apoya únicamente en la experiencia (a posteriori). (cf. Crítica de la razón pura)
- «Todo lo que sucede tiene una causa.» – sintético a priori. Para Kant, el caso modelo de la metafísica: sintético (la causa no está contenida en el concepto de suceso) y, sin embargo, a priori, un principio que hace posible la experiencia. Por cierto: para Kant, los juicios analíticos a posteriori no existen en absoluto. (Crítica de la razón pura, Introducción)
Fuente: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason (clasificación de los juicios)
Espacio, tiempo y las doce categorías
Para Kant, el conocimiento tiene dos troncos: la sensibilidad, que recibe intuiciones, y el entendimiento, que aporta conceptos.
Quitar el espacio con el pensamiento
Un experimento en tu cabeza. El dibujo te acompaña mientras puede.
- La manzana ha perdido su color. Ha sido fácil.
- La manzana ha desaparecido. También ha funcionado.
- Ya no queda ninguna cosa. Lo que queda es un espacio vacío.
Aquí se acaba el dibujo: una imagen solo puede mostrar lo que está en algún lugar. Cierra un momento los ojos e intenta ahora quitar con el pensamiento el propio espacio vacío.
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«Nunca podemos representarnos que no haya espacio, aunque sí podemos muy bien pensar que no se encuentren objetos en él.»
Crítica de la razón pura, A 24/B 38 s. (Ak. 3:52), traducción propia
Kant concluye: el espacio no es algo que encontremos en las cosas. Es la forma en la que intuimos, antes que nada, todo lo exterior.
Gottfried Wilhelm Leibniz lo veía al revés: el espacio es el orden de las cosas que existen a la vez. Si quitas todas las cosas, no queda ningún orden y, por tanto, tampoco espacio.
La respuesta de Kant: El espacio es una forma de nuestra intuición: ya está en la base de toda representación de algo fuera de nosotros. Para Kant, el espacio es «una representación necesaria a priori que sirve de base a todas las intuiciones externas» (Ak. 3:52, traducción propia).
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:52 (en alemán) · Wikipedia: Idealismo trascendental · Wikipedia: Gottfried Leibniz
El primer tronco se examina en la Estética trascendental. Su resultado: el espacio y el tiempo no son ni propiedades de las cosas mismas ni conceptos abstraídos de la experiencia. Son formas puras de la intuición a priori: las gafas que nunca podemos quitarnos. Podemos pensar que todo desaparece del espacio, pero nunca el espacio mismo; solo hay un único espacio y un único tiempo; sus partes son únicamente limitaciones de ese único todo. Precisamente por eso es posible la geometría: desarrolla con necesidad lo que está contenido en la intuición pura del espacio; e incluso «7 + 5 = 12» se apoya en la sucesión que da el tiempo.
El segundo tronco es el entendimiento. Mientras que la sensibilidad solo recibe impresiones, el entendimiento las enlaza espontáneamente: los conceptos, dice Kant, se basan en la espontaneidad del pensar, como las intuiciones se basan en la receptividad de las impresiones. Este ordenamiento sigue doce conceptos básicos, las categorías, que Kant dispone en cuatro grupos de tres:
- Cantidad
- Unidad, pluralidad, totalidad: captamos cada objeto como uno, como muchos o como todos.
- Cualidad
- Realidad, negación, limitación: algo es, no es o está limitado.
- Relación
- Sustancia y accidente, causa y efecto, comunidad o acción recíproca: aquí está la respuesta a Hume; la causalidad es una forma del entendimiento.
- Modalidad
- Posibilidad, existencia, necesidad, junto con sus contrarios: imposibilidad, inexistencia, contingencia.
Con ello, Kant da por resuelto el problema de Hume, y de un modo sorprendente. La causalidad no es un rasgo que tengamos que arrancarle al mundo; es una condición sin la cual no tendríamos ninguna experiencia ordenada. Vale necesariamente para todo lo que podemos experimentar, porque forma parte del equipamiento de quien experimenta.
La máquina del conocimiento: vacío y ciego
¿Qué ocurre cuando falta una de las dos facultades? Kant tiene una respuesta famosa.
Para Kant, todo conocimiento necesita ambas cosas: la sensibilidad proporciona intuiciones y el entendimiento las piensa mediante conceptos. Si falta una de ellas, no surge ningún objeto. Los conceptos sin nada a lo que referirse quedan vacíos; las intuiciones sin conceptos no dan nada que pueda reconocerse como esta o aquella cosa. Kant lo resume en la frase de que los pensamientos sin contenido son vacíos y las intuiciones sin conceptos, ciegas.
Un joven escritor que acababa de conocer «la nueva llamada filosofía kantiana» (traducción propia) lo entendió a su manera en 1801. Heinrich von Kleist escribió a su prometida, Wilhelmine von Zenge, que con el entendimiento ocurre como si tuviéramos cristales verdes en lugar de ojos: todo parecería verde. Concluyó que nunca podríamos decidir si nuestra verdad es de verdad la verdad. Hasta qué punto lo sacudió Kant es objeto de discusión entre los estudiosos de Kleist.
La máquina del conocimiento
Enciende y apaga las tres partes una por una. Encuentra tres estados: vacío, ciego y una escena.
No entra nada y no se piensa nada.
Encontrado: vacío ciego escena
En 1801, Heinrich von Kleist, que acababa de conocer «la nueva llamada filosofía kantiana» (traducción propia), recurrió justo a una imagen así:
«Si todos los hombres tuvieran cristales verdes en lugar de ojos, tendrían que juzgar que los objetos que ven a través de ellos son verdes, y nunca podrían decidir si su ojo les muestra las cosas tal como son o si les añade algo que no pertenece a ellas, sino al ojo. Así ocurre con el entendimiento.»
Kleist a Wilhelmine von Zenge, Berlín, 22 de marzo de 1801, traducción propia
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«Sin sensibilidad no se nos daría ningún objeto, y sin entendimiento ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas.»
Crítica de la razón pura, A 51/B 75 (Ak. 3:75), traducción propia
Para Kant, a la sensibilidad pertenecen las sensaciones y sus formas, el espacio y el tiempo; por eso en la máquina son dos interruptores. Solo cuando sensibilidad y entendimiento actúan juntos surge un objeto que se puede conocer.
Para empiristas como John Locke, el entendimiento no trae formas propias: al nacer, la mente es una pizarra en blanco y solo la experiencia escribe en ella.
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:75 (en alemán) · Kleist, cartas de 1801 (Projekt Gutenberg, en alemán) · Wikipedia (en alemán): Heinrich von Kleist · Wikipedia: John Locke
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:75 (en alemán) · Kleist, cartas de 1801 (Projekt Gutenberg, en alemán) · Wikipedia (en alemán): Heinrich von Kleist
El billar de Hume
Una bola golpea a otra. ¿Qué ves exactamente?
David Hume eligió un ejemplo de la mesa de billar: una bola rueda hacia otra, la toca y la segunda se pone en movimiento. Solo se ve que una cosa sigue a la otra; una conexión necesaria, un causar, no se ve en ninguna parte. Que aun así estemos seguros del siguiente tiro, Hume lo explicó por la costumbre.
Kant se tomó la objeción en serio, pero sacó otra conclusión. Precisamente porque el concepto de causa exige una necesidad estricta, no puede proceder de la mera repetición. Pertenece a las categorías que el entendimiento trae consigo y, por eso, vale para todo lo que podemos experimentar. Qué causa tiene qué efecto, en cambio, también según Kant solo lo aprendemos por experiencia.
El billar de Hume
Busca la causa: solo encuentras posiciones una tras otra, en ningún sitio una imagen propia del causar.
Hume ve justo esto: un suceso sigue a otro, pero nunca se ve una conexión necesaria. Que aun así lo esperemos con seguridad se debe a la costumbre. Cuanto más a menudo ves el tiro, más fuerte es la expectativa, pero no su justificación.
«La costumbre es, pues, la gran guía de la vida humana.»
David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano (1748), sección V, § 36, traducción propia
Kant da la razón a Hume en que la necesidad no se puede ver. Pero da la vuelta a la conclusión: como el concepto de causa contiene una necesidad estricta, no puede proceder de la repetición. Es una categoría que el entendimiento trae consigo y, por eso, vale para todo lo que podemos experimentar.
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«… el propio concepto de causa contiene tan manifiestamente el concepto de una necesidad de la conexión con un efecto y de una universalidad estricta de la regla, que se perdería por completo …»
Crítica de la razón pura, B 5 (Ak. 3:29), traducción propia
En sustancia, sigue: se perdería si se quisiera derivar, como Hume, de la costumbre.
Hume ya había escrito, antes de Kant, que aquí la razón no decide nada. Ante la mesa de billar se pregunta:
«¿No puedo concebir que de esa causa podrían seguirse igualmente cien sucesos distintos?»
Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, sección IV, § 25, traducción propia
Fuentes: Hume, An Enquiry Concerning Human Understanding (Project Gutenberg, en inglés) · Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:29 (en alemán) · Wikipedia: David Hume
Fuentes: Hume, An Enquiry Concerning Human Understanding (1748), IV § 25, V § 36 (en inglés) · Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:29 (en alemán) · Wikipedia: David Hume
Fenómeno, cosa en sí: los límites de la metafísica
El precio del giro copernicano: lo que las cosas son con independencia de nuestro conocimiento permanece oculto para siempre.
Lo que conocemos es el mundo como fenómeno, moldeado por el espacio, el tiempo y las categorías. La cosa en sí (noúmeno), en cambio, es vacía como objeto de conocimiento: a partir del entendimiento solo, sin intuición, no obtenemos conocimiento alguno. El concepto sigue siendo un concepto límite: señala aquello de lo que podemos hablar sin llegar a conocerlo nunca. Ambas facultades dependen la una de la otra; ninguna produce conocimiento por sí sola:
Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas.
Kant, Crítica de la razón pura (1781/1787), A 51/B 75 — traducción propia
En este límite fracasa la vieja metafísica, y de forma sistemática, como muestra la Dialéctica trascendental. En cuanto la razón abandona el mundo de la experiencia, se enreda en inferencias ilusorias: del «yo pienso» fabrica una sustancia anímica inmortal (los paralogismos); sobre el mundo como totalidad demuestra con igual convicción tesis opuestas, por ejemplo que el mundo tiene un comienzo y que no lo tiene (las antinomias, que Kant, sin embargo, resuelve mediante la distinción entre fenómeno y cosa en sí); y Kant desmonta pieza a pieza las pruebas clásicas de la existencia de Dios, ya que la existencia no es un predicado que pueda extraerse de un mero concepto.
¿Acaba esto con Dios, la libertad y la inmortalidad? No: simplemente no pueden ser objetos de conocimiento. Como ideas regulativas conservan su derecho: orientan la investigación y la conducta, como puntos fijos en el horizonte. Precisamente porque el conocimiento termina aquí, queda espacio para la esperanza y la moral: el hilo que retoma la ética de Kant.
Fuente: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason (Dialéctica trascendental, ideas regulativas)
El tribunal de las antinomias
¿Tiene el mundo un comienzo? Kant enfrenta las dos respuestas.
En la Dialéctica trascendental, Kant plantea cuatro conflictos en los que la razón parece tener pruebas igual de buenas para una afirmación y para su contraria. El primero se refiere al comienzo y a los límites del mundo. La tesis dice: el mundo tiene un comienzo en el tiempo. La antítesis dice: no lo tiene. Kant escribe él mismo las dos pruebas, una junto a otra.
Su solución: ambas partes suponen tácitamente que el mundo como un todo es una cosa en sí ya dada. Pero el mundo que experimentamos es fenómeno y nunca está dado como un todo acabado; por eso no existe ni como un todo finito ni como un todo infinito. Que la razón se contradiga aquí a sí misma muestra, para Kant, que ha traspasado el límite de la experiencia posible.
El tribunal de las antinomias
Balanza: cuánto te convence cada parte
Pruebas simplificadas a partir de Kant
Tesis
«El mundo tiene un comienzo en el tiempo y, en cuanto al espacio, está también encerrado entre límites.»
B 454 (Ak. 3:294), traducción propia
- Supongamos que el mundo no tuviera comienzo. Entonces hasta hoy ya habría transcurrido una eternidad: una serie infinita de estados, uno tras otro.
- Pero una serie infinita nunca puede completarse paso a paso. Eso es justo lo que significa «infinita».
- Y, sin embargo, hasta hoy la serie ha transcurrido. Así que no era infinita: el mundo tiene que tener un comienzo.
Antítesis
«El mundo no tiene comienzo ni límites en el espacio, sino que es infinito tanto en cuanto al tiempo como al espacio.»
B 455 (Ak. 3:295), traducción propia
- Supongamos que el mundo tuviera un comienzo. Entonces lo habría precedido un tiempo en el que el mundo no era: un tiempo vacío.
- Pero en un tiempo vacío ningún instante se distingue de otro. Nada en él podría hacer que algo surja justo ahora y no antes.
- Así que dentro del mundo pueden empezar muchas cosas, pero el mundo mismo no: no tiene comienzo.
Kant escribió él mismo las dos pruebas, una junto a otra. Cada una refuta a la contraria, y cada una parece sostenerse. ¿Cómo es posible?
La respuesta de Kant: Pierden las dos: tratan el mundo como un todo, igual que si fuera una cosa en sí ya dada. Pero, como fenómeno, nunca está dado como un todo. Así resuelve Kant el conflicto: el mundo no existe «ni como un todo infinito en sí, ni como un todo finito en sí» (Ak. 3:347, traducción propia).
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«Si se consideran las dos proposiciones, el mundo es infinito en magnitud, el mundo es finito en magnitud, como opuestas contradictoriamente, se supone que el mundo (toda la serie de los fenómenos) es una cosa en sí misma.»
Crítica de la razón pura, B 532 (Ak. 3:346), traducción propia
Que la razón entre así en conflicto consigo misma es para Kant una señal de que ha traspasado el límite de la experiencia posible.
Para Arthur Schopenhauer, toda la antinomia era «un mero simulacro, un combate aparente» (traducción propia): las pruebas de la tesis serían sofismas, y solo la antítesis se seguiría necesariamente de las leyes del mundo fenoménico. Entonces la balanza nunca habría estado equilibrada.
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:294 s. (en alemán) · Ak. 3:346 s. (en alemán) · Schopenhauer, Crítica de la filosofía kantiana (zeno.org, en alemán) · Wikipedia: Antinomia · Wikipedia (en inglés): Critique of the Kantian Philosophy
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:294 s. (en alemán) · Ak. 3:346 s. (en alemán) · Wikipedia: Antinomia
Expediente: Los cien táleros
¿Se puede probar a partir de un mero concepto que algo existe?
La prueba ontológica de Dios quiere deducir del mero concepto de Dios que Dios existe. Anselmo de Canterbury la basó en «aquello mayor que lo cual nada puede pensarse», René Descartes en el ser más perfecto, al que no podría faltarle la existencia. El nombre de prueba «ontológica» se lo dio Kant.
La objeción de Kant: el «ser» no es una nota que se añada a un concepto, sino que solo pone el objeto con todas sus notas. Su ejemplo son cien táleros. Los táleros pensados y los reales tienen el mismo concepto; lo único distinto es lo que luego tienes en la bolsa.
Los cien táleros
La prueba ontológica de Dios
Formato de juego: el expediente es inventado, el argumento es real (según Descartes, muy simplificado).
Marca la línea en la que Kant pone su objeción.
La respuesta de Kant: 2. Aquí objeta Kant: esta línea trata la «existencia» como una propiedad que se puede añadir a un concepto. El ser no es un predicado real: «es» no añade nada al concepto, solo pone el objeto con todas sus notas.
Cien táleros pensados
- En el concepto
- 100
- En tu bolsa
- 0
Cien táleros reales
- En el concepto
- 100
- En tu bolsa
- 100
El concepto es el mismo las dos veces: cien táleros. Lo que cambia no es el concepto, sino tu situación.
Aquí aparece tu respuesta en cuanto hayas elegido.
«El ser no es, evidentemente, un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa. […] Cien táleros reales no contienen lo más mínimo más que cien posibles.»
Crítica de la razón pura, B 626 s. (Ak. 3:401), traducción propia
Y, sin embargo, sigue Kant, «en el estado de mi patrimonio hay más con cien táleros reales que con su mero concepto» (traducción propia).
A Georg Wilhelm Friedrich Hegel el ejemplo de los táleros le parecía desacertado: cien táleros son una cosa finita y contingente, mientras que Dios no sería una cosa entre muchas, sino el todo necesario. Versiones más recientes del argumento (Norman Malcolm, Alvin Plantinga) trabajan con lógica modal; si la objeción de Kant las alcanza es discutido.
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:401 (en alemán) · Wikipedia: Argumento ontológico · Wikipedia (en inglés): Ontological argument (Hegel)
NotaCien táleros
Cien táleros reales no contienen lo más mínimo más que cien táleros posibles.
Referencia: Crítica de la razón pura (B 627), Ak. 3:401 · Leer el original
Kant lo dirige contra el argumento ontológico: «ser» no añade ninguna propiedad a un concepto. En el monedero la diferencia es clara, como él mismo observa justo después.
Traducción: Traducción propia del original alemán.
Nueva en tu cuaderno · Ver la colección
Fuentes: Kant, Crítica de la razón pura, Ak. 3:401 (en alemán) · Wikipedia: Argumento ontológico
Un antes y un después
Pocos libros han cambiado la filosofía tan profundamente como la Crítica de la razón pura.
Al principio, la difícil obra fue recibida con silencio. Pero a través de los «Prolegómenos» (1783), las «Cartas sobre la filosofía kantiana» de Reinhold (1786/87) y la segunda edición de 1787, Kant se convirtió en el filósofo más destacado y más debatido de su tiempo. Moses Mendelssohn lo llamó el Kant «que todo lo tritura», por su crítica de la metafísica tradicional, de la que forman parte las pruebas de la existencia de Dios; la Iglesia católica incluyó el libro en su Índice de libros prohibidos en 1827. Al mismo tiempo se convirtió en el texto fundacional del idealismo alemán (Fichte, Schelling, Hegel) y, más tarde, en el punto de referencia del neokantismo.
NotaCristales verdes
Si todos los hombres tuvieran cristales verdes en lugar de ojos, tendrían que juzgar que los objetos que ven a través de ellos son verdes …
Referencia: Heinrich von Kleist a Wilhelmine von Zenge, Berlín, 22 de marzo de 1801 · Fuente
Kleist, según escribe, había «conocido la nueva filosofía llamada kantiana» y concluyó que ninguna verdad era segura. La idea lo había sacudido «tan hondo, tan dolorosamente», escribió. Hasta qué punto Kant provocó de verdad su crisis es objeto de debate entre los estudiosos de Kleist; allí el término «crisis kantiana» se considera discutible.
Lo que la imagen calla: Los cristales de Kleist están «en lugar de los ojos»: no pueden quitarse, igual que las formas de la intuición y los conceptos del entendimiento de Kant. La diferencia está en la conclusión: para Kant, nuestro conocimiento de los fenómenos es verdadero de veras; solo que no alcanza a las cosas tal como son en sí mismas.
Traducción: Traducción propia del original alemán.
Nueva en tu cuaderno · Ver la colección
Fuentes: Wikipedia (en inglés): Critique of Pure Reason (recepción e influencia) · Wikipedia (en inglés): Immanuel Kant · Mendelssohn, Morgenstunden (1785), prefacio (en alemán)
La segunda pregunta, «¿Qué debo hacer?», continúa en el capítulo III · Ética.